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Dos hombres enfermos, se encontraban en el mismo cuarto de un hospital. Uno de ellos debía sentarse sobre su cama durante una hora todas las tardes para evacuar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba cerca de la única ventana del cuarto. El otro hombre tenía que pasar el día entero acostado sobre su espalda lejos de la ventana. Hablaban juntos durante horas. Cada tarde, cuando el hombre de la cama que se encontraba cerca de la ventana podía sentarse, le describía a su compañero de cuarto todo lo que podía ver afuera. Para el hombre que estaba en la otra cama, era como si su mundo cambiara de color y se alegraba por todas las actividades y colores del mundo exterior. Sin embargo el hombre era ciego y afuera solo había un muro gris. Con Cristo podemos ver las cosas de diferente manera.

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